Hay quien diga que las diosas griegas del arte y de la inspiración aun son importantes para nosotros, pues nos ata a arquetipos que todavía pueden ser vividos por personas creativas que buscan en su alma la fuente de inspiración.
Cuenta la historia que las musas fueron el resultado de la unión entre Zeus y Mnemósine (Memoria). Hicieron el amor por nueve noches. Trás un año, Mnemósine dio a luz nueve hijas en un lugar cerca del monte Olimpo. En verdad, el número de estas deidades también admite variantes (tres, siete, etc.), pero fue Hesíodo el primer poeta que, en su Teogonía, citó un total de nueve, dándoles además nombres que, en griego, tienen un significado concreto
(pronto hablaré de eso).
Las Musas son las cantoras divinas que con sus coros e himnos deleitan a los demás dioses en el Olimpo bajo la dirección de Apolo. El coro de las musas convertió su lugar de nacimiento en un santuario y un lugar de danzas especiales. También iban al monte Hélicon, donde dos fuentes, Aganipe y Hipocrene, tenían la santidad de conceder inspiración poética a quien bebera de sus aguas.
Al lado de esas fuentes, las musas hacían suaves movimientos de una danza, con sus pies infatigables, mientras presentaban la harmonía de sus voces cristalinas. Otras veces descienden a la Tierra, actuando de mediadoras entre lo divino y los seres humanos gracias a la inspiración que transmiten a los poetas, proporcionándoles el conocimiento de lo Eterno.
Hay que destacar el culto que se les rindió en Tracia, concretamente en Pieria, cerca del monte Olimpo (de ahí que en ocasiones reciban el nombre de Piérides) y en Beocia, en las laderas del monte Helicón. En este último lugar es donde cuenta Hesíodo que se le aparecieron y, dándole una vara de laurel a modo de cetro, le encomendaron componer su obra Teogonía.
En su condición de inspiradoras de toda clase de Arte, son invocadas por los poetas al comienzo de sus obras para que les proporcionen las palabras adecuadas y les muestren los hechos verdaderos.
Traer las musas para nuestro vivir cotidiano es conmemorar nuestra propia divinidad. Uno de los mayores problemas que nos detienen de alcanzar una libertad creativa es la necesidad de intentar la perfección. Muchas veces perdemos tiempo demasiado intentando cambiar un trabajo ya bien satisfactorio y nos olvidamos de que la perfección es algo imposible. Así que cupo a las musas el encargo de librar los mortales de esa insatisfacción delante del mundo. Son ellas que nos llevan a una liberación creativa inspirada.
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